De unos días para acá, me siento como si la tierra que hay bajo mis pies temblara de una forma muy distinta a la que estoy normalmente acostumbrado, como si el famoso e imparable cambio climático me afectase como al que más. Grandes mareos, inusuales subidas de tensión y, sobre todo, una incesante tormenta de preocupantes ideas comienzan a colapsar mi débil pensamiento. ¿Me encuentro ante el final de una etapa?, o por el contrario, ¿sólo es un obstáculo más dentro de mi existencia? Voces y más voces revolotean alrededor de mi cabeza y como pájaros carpinteros, taladran la poca serenidad que albergo dentro de mi cuerpo. No en vano, me resisto a pensar en la idea de un posible final, ¿por qué ahora?, ¿acaso no es indudable que me encuentro en la flor de la vida? Inmerso en un mar de contradicciones, navego por el océano de la vida hacia lo que pronto parece ser mi inevitable destino. El fino hilo que aún me une a la madre naturaleza está apunto de romperse, y con él, se romperán todas mis esperanzas de subsistencia. Quedarme en el camino, es algo que no puede tener cabida dentro de mi cabeza, y por lo tanto, al igual que el incansable salmón, me dispongo a luchar contra la imparable corriente, a sortear cuantas cataratas se hallen en mi camino, a desovar toda mi energía en pos de que mi corazón siga con su armónico latido.Todo este ir y venir de existenciales reflexiones, no hace otra cosa más que brotar la semilla de la duda en mi interior, la cual se enraíza de manera cancerígena en los lugares más recónditos de mí ser. Quiero escapar de todo esto, pero a la vez, percibo la obligación de acabar con el gran Leviatán en el que se han convertido todos mis pensamientos. Siento el frío filo de la guadaña posarse alrededor de mi cuello; siento que el día del último juicio se acerca a pasos agigantados; siento que empiezo a sentir miedo, miedo a que pasen por delante de mis pequeños ojos miles de fotogramas biográficos a modo de trágico epílogo; siento el eco del latir de mi quebradizo músculo vital, quien me recuerda que su llama se está apagando lentamente; siento que todavía tengo mucho camino por recorrer, que mi senda no ha de torcerse por ninguna pedregosa calzada.Todo gira alrededor de lo que próximamente tiene que ocurrir, de lo que es mi destino, mis pensamientos, mis movimientos, las posturas que puedo adoptar a lo largo del día, todo gira a modo de traslación, creando un campo gravitatorio de supuestos y conjeturas, no sé…parezco estar ante un agujero negro, del cual ni la luz puede esquivar su fuerza debido a su gran poder. Mi apego a la vida parece ser insuficiente para escapar de ese agujero, de ese minúsculo pero a la vez tan poderoso orificio. De repente, la multitudinaria soledad que tanto me ha acompañado durante toda mi vida se rompe bajo mis pies y miles de complejas voces de manera jeroglífica empiezan a agujerear mi cabeza, a modo de una repentina e incomprensible esquizofrenia transitoria. El momento que ha monopolizado todos mis pensamientos en los últimos meses se avecina, y con mi más preciado traje me dispongo a recibirla. Como si las mismísimas aguas del Mar Muerto se volviesen a separar, una fuerte riada me arrastra hacia ese poderoso hoyo, arrasando con todo a su paso. Intento agarrarme a todo lo que se cruce en mi camino, en definitiva, intento agarrarme a la vida, pero una extraña fuerza me remolca hacia el interior de ese inexplorado túnel. ¿Por qué no puedo ser dueño de mi propio destino?, ¿porqué soy obligado a abandonar este mundo? Me aferro con gran ímpetu al cordón que me proporciona la existencia, pataleo y doy puñetazos a todo cuanto atino, grito en busca de ayuda, pero solo obtengo el silencio como respuesta. La mano de lo desconocido tira de mí obligándome a descender a lo inexplorado, a lo más recóndito; me obliga a pasar por el interior de ese solitario pasaje, en el que solamente se ve una luz brillante al fondo del mismo, una luz cegadora que me hipnotiza y que me invita a alcanzarla de manera obligada. El conducto llega a su fin y con él, comienza a dibujarse lo que parece ser mi sino. Haces de luz me indican el camino a seguir, esbozando así el inicio de la respuesta a todas mis reflexiones, las cuales han ocupado mi mente durante tanto tiempo.Debido a la intensidad de la luz, pierdo el conocimiento, y me desplomo en manos de lo que parece ser mi salvador. Todo es muy confuso, ya que aún habiendo pasado ese oscuro pasillo, las voces no han desaparecido, sino que son más fuertes.Mis temores se han hecho realidad, el fino hilo que me unía a la madre naturaleza se ha roto, pero sin embargo mi corazón no cesa en su latido, mis pulmones se llenan de vida, mis ojos derraman felicidad, en definitiva, he llegado a la vida de la que nunca me he separado…¡¡HE NACIDO!!
Por fin todo ha tenido respuesta. La tierra que tengo bajo mis pies ya no tiembla, aunque una nueva pregunta ronda mi pensamiento: ¿Cuántos túneles tendré que pasar a lo largo de mi vida?
2007©